Una vez.
Tu pelo como el betún centelleó ante las miradas de aquellos que no supieron ni diferenciarse – Ay, el redil, siempre pensábamos, pienso y piensas-
Tu pelo como el betún centelleó ante las miradas de aquellos que no supieron ni diferenciarse – Ay, el redil, siempre pensábamos, pienso y piensas-
Y comencé a hacer caminos con las manos.
Por aquel entonces era la niña que exactamente soy ahora.
Aquella niña que descubrió que tus océanos creados por gramos de speed, que quisiste conquistar para saciar tu cruenta realidad, se acababan convirtiendo en bocetos de medianoche.
Ni siquiera aun, me pregunto que hubiera sido de mí sin aquel verano en abril, del cual relato por 3º vez.
Y me preguntaba dónde estará el límite que nos separa.
Si no hay.
Si no existe.
Loco tú y loca yo.
Acabaríamos por autodestruirnos en una sola noche.
Y lo mejor de todo, es que no eres peligrosamente atractivo sino atractivamente peligroso.
Estúpidamente nos mantiene vivos el mechero de la cámara de gas.
Asique cuando recaigo, toco de nuevo tu infinito.
Pensé que solo era el principio y lo único que no entendí fue que esta vez quería decir para toda la vida.
A veces me da la impresión de que llegará el día en el que te mire a los ojos y solo sabre decirte que eres la droga más dulce de todas, la esperanza suicida que me mantiene viva.
Always grapada a ti, Niño de la generación del 88.